Friday, September 10, 2010

HOW SEE THE BRAIN





The storage of imagery in the occipital human cortex, comes true enough in simple form: a convex line or a semicircle with 2 internal points, representing a human being in a hammock or a face, respectively. In the same way, if an object is partially hidden (stand up body of a dog behind vertical fences), the brain reconstructs perceptually the missing pieces, presenting it as a whole visual. An evolutionary ancestral tendency, because our animal forefathers had to search and to detect friends and enemies to the inside of the foliage from scarce visual fragments. The continuity of the object as from his contours are established for the brain when these they are partially dark. If we see a dog's tail moving below the sofa -we inferred logically- his corporal totality. If a dog's head sticks up from for the extreme a piece of furniture, automatically we perceived in amodal way to the dog as a whole, having previously perceived only fragments of his body. If we observed a fast toy train transiting for a short tunnel and emerging on the other side in 1/3 of second, we will see the movement of the train, as it were transparent. If the train is slow (1 minute or more), we will infer that the train entered and left for the other side -logical inference, more than a visual perception-. The tendency to anticipate contours is a brain's surprising property that respond to continuity principle, independently if the process makes sense or not. After constructing an object's two-dimensional borders, the visual cortex process it in 3-D. David H. Hubel and Torsten N. Wiesel (Harvard University), maintain that cells of the visual cerebral cortex respond principally: a) to chiaroscuros borders, delineators of the contours of an object or creature and b) to illusory contours (Rudiger von der Heydt/Johns Hopkins University), using any available information in order to reconstruct the final form, the way just we see it.


COMO VE EL CEREBRO


El almacenamiento de imágenes en la corteza occipital humana, se realiza de forma bastante simple: una línea convexa o un semicírculo con 2 puntos internos, representando un ser humano en una hamaca o una cara, respectivamente. Del mismo modo, si un objeto está parcialmente oculto (cuerpo de un perro parado detrás de vallas verticales), el cerebro reconstruye perceptualmente las piezas faltantes, presentándolo como un todo visual. Una tendencia evolutiva ancestral, en tanto nuestros antepasados animales tuvieron que buscar y detectar amigos y enemigos al interior del follaje, a partir de escasos fragmentos visuales. El cerebro establece la continuidad del objeto a partir de sus contornos cuando estos, están parcialmente oscuros. Si vemos la cola de un perro moviéndose debajo del sofá, inferimos lógicamente, su totalidad corporal. Si la cabeza de un perro sobresale por el extremo de un mueble, automáticamente y por vía amodal percibimos al perro como un todo, habiendo visto solo partes de él. Si observamos un tren rápido de juguete transitando por un túnel corto, emergiendo del otro lado en 1/3 de segundo, veremos el movimiento del tren, como si fuese trasparente. Si el tren es lento (1 minuto o más), inferiremos que el tren entró y salió por el otro lado -una inferencia lógica, más que una percepción visual-. La tendencia para anticipar contornos es una propiedad sorprendente del cerebro que responde a principios de continuidad, independientemente de si el proceso tiene sentido o no. Tras construir los bordes bidimensionales de un objeto, se elaboran representaciones en 3-D. David H. Hubel y Torsten N. Wiesel (Harvard University), sostienen que las células de la corteza cerebral visual responden principalmente : a) bordes claroscuros, delineadores de los contornos de un objeto o criatura y b) a contornos ilusorios (Rudiger von der Heydt/Johns Hopkins University), usando cualquier información disponible a fin de reconstruir la forma final tal cual la vemos.

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